Escuchemos todas las voces

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Erika Lopez FrancoCarlos Cortez

By Carlos Cortez

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¿Realmente sabemos lo que requiere la gente más pobre y vulnerable de nuestro país, de nuestra sociedad, de nuestro planeta, para mejorar su situación y para avanzar todos hacia formas de convivencia más justas, equitativas, sostenibles y democráticas?

Platicando con la gente, escuchando sus preocupaciones, pareciera que para un sector importante de la población las cosas no han mejorado e incluso han empeorado. Es momento de hacer una revisión crítica sobre qué se ha hecho para lograr reducir la pobreza, pero principalmente sobre cómo se han tomado las decisiones para lograrlo y qué voces se han escuchado al momento de decidir.

La población en situación de pobreza se enfrenta a la falta de recursos materiales, de calidad en la infraestructura, de un ingreso digno y estable. Existe la idea generalizada de que, como resultado de este contexto de vulnerabilidad, ellos tienen muy poco que decir y mínima capacidad para colaborar en la búsqueda de alternativas para mejorar su situación. Parecemos imbuidos en una especie de etnocentrismo que nos hace pensar que todos conocemos las soluciones para que la población más pobre y vulnerable viva mejor. Todos, menos ellos. El resultado de esta visión ha sido el establecimiento o imposición de programas y acciones de corte asistencialista, los cuales lejos de reducir la pobreza frecuentemente generan patrones de dependencia, destruyen su autoestima, dilapidan recursos y profundizan las desigualdades.

Al escuchar lo que dice la gente que se enfrenta a diversas carencias en su día a día, las respuestas son muy diversas. El enojo de la mujer a la que se hace esperar durante horas por una mala atención médica, sólo para recibir regaños en lugar de medicinas; la tristeza de esa niña que nos desgarra el alma, y que no logra comprender la muerte de su madre como resultado de las insuficiencias institucionales; el disgusto de esos campesinos que ven cómo se desperdician recursos en viviendas que nadie está dispuesto a habitar, mientras nadie responde a sus demandas de insumos para la producción de alimentos. Se podría suponer que el enojo, la resignación, la falta de credibilidad en las instituciones y la decepción serían los sentimientos dominantes entre la gente pobre, pero no es así. Al hablar con ellos, nos damos cuenta que siempre tienen algo que decir, experiencias que aprovechar, propuestas para mejorar su situación, ideas para buscar alternativas propias con los escasos recursos a su alcance.

Hace décadas que se habla de participación, de empoderamiento de la gente, como elementos fundamentales para enfrentar los problemas de la pobreza.  Sin embargo, hemos sido testigos de cómo se establecen supuestos esquemas de participación únicamente para justificar y validar decisiones tomadas previamente.

Si queremos hacer frente a los grandes retos del desarrollo humano en los próximos años, es fundamental garantizar que la gente en pobreza participe en la toma de decisiones de forma genuina, continua y sin manipulación de grupos de interés. Participar, pero sobre todo influir en la toma de decisiones, se vuelve crucial.

A lo largo de la semana, los miembros del Panel de Expertos de Alto Nivel para la Agenda de Desarrollo post 2015 se encuentran reunidos en Monrovia, Liberia para deliberar alrededor de tres temas fundamentalmente: equidad, sustentabilidad ambiental y transformación económica. Diversas redes de organizaciones de la sociedad civil también están presentes para llevar sus mensajes a las mesas de discusión. Es en estos foros de alto nivel donde las voces y preocupaciones de las personas en situación de pobreza y exclusión no deben ignorarse. Para el diseño de la próxima agenda global del desarrollo, todas las voces deben ser tomadas en cuenta. Escuchemos todas las voces.

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